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Seminarios: Madrid (1999-2008) LA FILOSOFÍA DEL LÍMITE DE EUGENIO TRÍASMª Victoria Gimbel, coordinadora del seminario
1.- La historia del seminario En el año 1999, y de la mano del escritor y psicoanalista Jorge Alemán, Eugenio Trías entra en contacto con la asociación de Arte y Pensamiento contemporáneo Cruce de Madrid, en la cual se venían realizando distintas actividades culturales, entre las cuales destacaba el seminario de filosofía, que se desarrollaba desde 1995 y entre cuyos componentes estaban Ángel Gabilondo, Ramón Rodríguez, Miguel Cereceda, Patricio Bulnes, Isidro Herrera, Ignacio Castro, Alejandro del Río, Miguel Lancho, Sergio Larriera, Manolo Quejido, Evaristo Belloti, y un largo etc. En principio, la propuesta de Alemán, y que se llevó a cabo, fue un breve curso y diálogo sobre el libro, recién publicado, Ética y condición humana. Pero lo que, en principio, estaba planteado sólo como una serie de ponencias, dirigidas por Eugenio Trías, y abiertas a otros participantes, se convirtió, casi de modo espontáneo, en el germen del Seminario de Madrid. Lo que comienza entonces siendo un proyecto, digamos modesto, y ya fuera de la asociación Cruce, en concreto en la calle Viriato (espacio cedido por J. Alemán y Sergio Larriera, quienes en ese momento son los mayores impulsores de montar un lugar de encuentro para pensar la propuesta que venía gestando Eugenio Trías y que se conocía en el ámbito intelectual como Filosofía del Límite) se va constituyendo, al margen de cualquier institución académica, como un seminario de reflexión y encuentro, formado por un grupo de personas, pertenecientes a diversos campos de la cultura (filosofía, psicoanálisis, historia, escultura, arquitectura, pintura, poesía, etc.). Así pues, dicha primera tentativa, va tomando cuerpo hasta transformarse en una aventura de gran calado intelectual y vital, debido a unas cuantas voluntades decididas por mantener y consolidar un debate abierto con el que consideramos una de las voces y escrituras más destacadas de la filosofía en lengua española. La fructífera y dilatada trayectoria del seminario se extiende a lo largo de los ocho años transcurridos y que , aunque inacabada, se cierra, en octubre de 2008, lo que podría denominarse el primer ciclo de un proyecto de estudio de la obra fundamental de Eugenio Trías. Al respecto, también hay que resaltar que, cuando César Antonio Molina se hace cargo de la dirección del CBA de Madrid, las reuniones del seminario pasan a realizarse en la sala de juntas, donde continúan, como se ha indicado, hasta el curso pasado, ya bajo la dirección de Juan Barja. Por eso quiero, lo primero, dar las gracias a ambos directores (grandes poetas, por otro lado) por su interés en la consecución del proyecto, facilitando un magnífico y adecuado espacio para nuestra tarea y, además, demostrando su reconocimiento a Eugenio Trías al otorgarle la Medalla honorífica de esta importantísima institución, referente actual de la cultura occidental. El espíritu que ha presidido y articulado las sesiones del seminario tiene, naturalmente, como fuente de actividad el pensamiento de Eugenio Trías, cuyo trabajo ha sido muchas veces injustamente tratado, tal vez, porque en este país no se tolera nada fuera de la academia o de ámbitos ligados a la universidad. En este, ciertamente, contexto triste en el que se mueve la filosofía española, se entiende que la obra de Trías, como la de todos aquellos que tienen una voz independiente y crítica, no haya sido nunca lo suficientemente escuchada y sus libros hayan sido no pocas veces ignorados, cuando no descalificados por la “comunidad filosófica”, con notables excepciones (en relación a ello, la Universidad Autónoma de Madrid le nombra Doctor Honoris Causa en marzo de 2007, siendo rector de la misma el actual ministro de Educación, Ángel Gabilondo). Bien es cierto que su deseo por desbrozar los nudos de la verdad le ha permitido afrontar esa indiferencia académica y perseguir una Idea, que va gestándose y dándose a través de su escritura, no progresivamente, sino que, me atrevería a decir, a la manera prometeica, robando el fuego a los dioses, pasional e inteligentemente, (sin ninguna duda, los suyos son la República de Platón y Así habló Zaratustra de Nietzsche), condenado a seguir descubriendo los enigmas derivados de la humana conditio, lo que para fortuna del pensamiento ha dado sus frutos a través de sus relevantes y numerosas obras (siendo leídas en América Latina y en Europa, y que en España, paradójicamente, han calado más en el mundo artístico que en el estrictamente filosófico, contando con entusiastas seguidores provenientes de la música, la pintura, la escultura, la poesía, el cine, etc.) Desde luego, la demarcación que el propio Eugenio Trías hace, por una parte, entre su pensamiento y la divulgación y, por otra, su irrenunciable y cartesiana apuesta por la claridad expositiva en detrimento de la forma escolástica en la que se presentan la mayoría de los trabajos de los filósofos españoles, le hace aparecer como un auténtico heterodoxo, teniendo que pagar por ello el precio que ya otros antes pagaron, a saber, que el reconocimiento será póstumo, muy del carácter melodramático de este país y de su consabido gusto por las camarillas gremiales, tanto sean políticas o profesionales como culturales o personales (es necesario ser de “un equipo” para que se oiga y se defienda una voz autónoma, de lo contrario quedará siempre para otros...) Ya Miguel Morey da cuenta de esta peculiaridad, en concreto de la filosofía española, al tratar de la recepción de la obra de Foucault en 1978, recordando que es precisamente Eugenio Trías quien reivindica la necesidad de atender a ella, aunque señalando que “su mismo trabajo era entonces también objeto de las más tonantes descalificaciones académicas: por excéntrico, en el sentido literal del término, cuando no por frívolo”. ¡Qué poco han cambiado las cosas! Casi treinta años después, y con todo lo andado en la formación de un estado democrático, la provinciana ceguera intelectual, en cambio, sigue avanzando por los mismos derroteros, circunscrita a los estrechos ambientes universitarios y aledaños. Por eso, la constitución y la larga permanencia del seminario de Madrid tiene mucha importancia para el conocimiento de la filosofía de Eugenio Trías; porque si algo compartimos todos los involucrados en él, es la valentía con la que se han ido abordando las grandes cuestiones: realidad, libertad, tiempo, espacio, justicia, religión, artes, etc., ofreciendo una propuesta sólida y original : la Idea de Límite, que ha permitido afrontar los grandes problemas tratados, en cada una de las sesiones. Y eso, sin renunciar al rigor y al desacuerdo, claves hermenéuticas en todo aquello que se denomina propiamente pensar. Una lenta y solitaria travesía que debe ir fecundándose, siempre que se pueda, con otros, en cada giro, de ida y vuelta, como así lo atestigua el rastreo y la búsqueda del “hilo de la verdad” que persigue Eugenio Trías, a través de las dificultades encontradas, desde los albores de su entrada en el, como prefiere llamarlo, oficio de filósofo. El núcleo básico de componentes del seminario (José Manuel Martínez Pulet, Alejandro Escudero, Fernando Ojea, Sergio Larriera, Eduardo Chamorro, Adriana Veyrat, Blanca Samaniego, Elena Sánchez, Carlos Herrera, Antonio Milán, Carlos Farrés, Katia Jiménez, Mª Jesús Muñoz, Enrique Rivas, Irene Rodríguez, Mariano Maqueda y Jorge Alemán) hemos intentado generar un lugar esotérico de pensamiento, dentro del ya caracterizado como sombrío panorama cultural español, dedicado al debate de ideas ante los retos con los cuales debe lidiar toda propuesta filosófica, que se atreva a confrontarse e inmiscuirse en los grandes temas con los que ha dado comienzo este siglo, estando en revisión y diálogo constante con el legado occidental y con las distintas corrientes del pensamiento contemporáneo. De eso dan cuenta los diferentes trabajos, a los cuales me referiré posteriormente, y que se han elaborado para y en las sucesivas reuniones en Madrid. En ellas también han estado presentes, a veces durante un curso o en varias sesiones, otros participantes como Ramón Rodríguez, Miguel Cereceda, Santiago Mercado, Carmen Patricio, Antonio González, Mauro González, Javier Garmendia, Carmen Abad, Ignacio Castro, Eva Lootz, Isidro Herrera, Manolo Quejido, W.Matew, Miguel Lancho, J.L. S. Paulete, Fernando Carbonell, Rodolfo Ladaga, Evaristo Belloti y Ángel Gabilondo, por destacar algunos, pertenecientes, como se ve, a distintos ámbitos de la vida cultural española y que han propiciado, con sus intervenciones y desde diferentes perspectivas, un debate enriquecedor que ha servido de impulso a la fragua de lo que Trías ha ido escribiendo en estos años. Por lo dicho, el seminario se ha constituido como experiencia viva y singular, sin ir dirigido a especialistas, pero no exento del rigor necesario. Y como todavía no ha naufragado, sigue estando en alta mar, batiéndose con las olas, a la espera de otra carta de navegación, que con seguridad, Trías tiene ya avanzada con la escritura de un “mismo y nuevo” libro. La reunión del seminario ha sido mensual y con una duración aproximada de dos horas cada una. Las sesiones se han desarrollado siguiendo unas líneas metodológicas flexibles pero necesarias para que las citas no se convirtieran en un mero intercambio de opiniones. Así, y teniendo como referencia textual un libro determinado de Trías, lo que se ha venido realizando es una lectura pormenorizada, texto a texto, concepto tras concepto, de las palabras de la filosofía del límite para su radical clarificación y problematización. El procedimiento más habitual, aunque no el único, para lograr nuestro propósito se ha basado en la presentación polémica de un capítulo o varios del libro, objeto del análisis concreto, llevada a cabo por un componente del seminario, que, a modo de exposición, unas veces a partir de un esquema conceptual o gráfico, otras a partir de un escrito completo, sirve de punto de arranque para el posterior diálogo con el autor que nos convoca. Hay que tener en cuenta que dichas lecturas se han hecho desde diferentes interpretaciones, no exclusivamente filosóficas, lo que ha dado lugar a intercambios de puntos de vista, “banquete de voces”, que no se producen normalmente en otro tipo de espacios (seminarios universitarios, mesas redondas, encuentros culturales, etc.). Todo ello, como se ha dicho, ha generado una manera de entender la discusión que, creemos, debe continuar, propiciando espacios como éste en el que tienen cabida todos aquellos que desean y demandan un lugar para la actividad poiética, tanto filosófica como artística, una apuesta de pensamiento - sin complejos- en nuestra propia lengua como E. Trías viene solicitando y exponiendo desde el comienzo de su aventura de conocimiento.
2.- Etapas y desarrollo de los contenidos del seminario 2.1.- La filosofía como forma de creación Naturalmente, la constitución del seminario de Madrid no nace de un grado cero absoluto, sino que surge porque muchos de los componentes ya conocían algunas de las líneas maestras por donde discurría, y seguirá discurriendo, el pensar de E. Trías, a través de sus libros publicados. A este respecto, en las primeras charlas informarles que tuvimos, destacaba la lectura que habíamos realizado, la mayoría de nosotros, con anterioridad al encuentro personal con Trías, de dos libros concretos: “Filosofía del futuro” y sobre todo de “Los límites del mundo”. Por eso, aunque el primer texto tratado, tanto en el curso de Cruce como en las primeras sesiones del seminario, fuera “Ética y condición humana”, en realidad, el seminario propiamente dicho comienza con la lectura del libro “La razón fronteriza”, publicado por Destino en 1999. Lo comentado es importante, porque ya en Filosofía del futuro, Trías plantea dos de las constantes de su pensamiento, a saber, una que la filosofía del presente tiene necesariamente que serlo hacia el futuro y otra al caracterizarla como forma de creación. A lo que poco después, en “La lógica del límite” y en “Los límites del mundo”, sucederá la cuestión esencial “revelada”: el límite. Será entonces ella, como dice Calderón en una de las citas más queridas por Trías, “el hilo de la Verdad, tan constante y fuerte, que por más que le adelgace no es posible que se quiebre”, Idea-eje que orientará el transcurso de las sesiones del seminario y de los siguientes libros que estaban por venir. Curso 2001/2002: Lectura también íntegra de “Ciudad sobre Ciudad”. Curso 2002/2003: El seminario se inició con un debate acerca del significado de “lo trágico” en el pensamiento de Eugenio Trías, tomando como referencia textos de “Drama e identidad”, “Vértigo y pasión” y “Lo bello y lo siniestro”. Una de las sesiones también s dedicó a comentar su autobiografía “El árbol de la vida”. Además se realizó un interesante ciclo en Cruce, durante tres sesiones, con la programación de diversas actividades (ponencias, artículos, piezas musicales y exposiciones plásticas) en torno a la Filosofía del Límite, contando con una gran afluencia de público, digamos, culto. Curso 2003/2004: Lectura del “El hilo de la Verdad” y también, a raíz de la publicación del libro de Jorge Alemán y Sergio Larriera “Filosofía del límite e inconsciente, conversación con Eugenio Trías”(ed. Síntesis),se produjeron oportunos e interesantes debates y propuestas. Curso 2004/2005: Se dedican dos sesiones a la lectura de La política y su sombra” Pero es, sobre todo, el análisis del que consideramos uno de sus mejores y más relevantes ensayos “La Edad del Espíritu”, libro que había sido publicado en 1994 y que lo reedita Destino en el 2000, la referencia textual principal, y que continuará también en el 2005, dada la extensión e importancia del asunto abordado. Curso 2005/2006: Como se ha señalado, el seminario comienza volviendo a la lectura de La Edad del espíritu. Pero también se dedica alguna sesión a la reedición que la editorial Arena, en el 2006, publica de su libro “La dispersión”, sirviendo como excusa para analizar cómo algunas de las ideas expuestas en 1971 por Trías se han transformado, aunque se remarca que son audibles algunas notas que guardan cierta sintonía con lo que todavía está por llegar: la filosofía de límite. Cursos 2006/2007/2008: Mientras que Trías está redactando su, por ahora, último libro publicado “El canto de las sirenas”, se van leyendo, no sólo algunos de los ensayos que componen esa monumental obra, sino que volvemos a retomar algunas cuestiones que, por decirlo así, están de actualidad en el contexto cultural y político. En concreto, se dedican algunas sesiones a la lectura del libro “Pensar la religión”. Pero, evidentemente, los temas centrales tratados durante el último curso del seminario han tenido como referencia algunos de los textos dedicados a diferentes músicos con el propósito de pensar la relación entre el sonido y la palabra. El seminario de Madrid, sigue estando abierto a una próxima reunión ¿tal vez en el 2009? y que se iniciaría con la exposición ya realizada, en la última sesión, de la coda filosófica incluida al final del citado libro. Porque sin lugar a dudas, Trías va a continuar buscando palabras en pos de una escritura “fronteriza”, colaborando para que la filosofía ocupe su lugar como actividad creativa y creadora, como “literatura de conocimiento”, surgida de la razón (y de su inseparable compañera, la sombra). 2.2. Contenido conceptual desarrollado por el seminario Del amplio material elaborado en el seminario de Madrid dan cuenta tanto los numerosos trabajos escritos como diversas exposiciones y obras artísticas (escultóricas y musicales, principalmente) que tienen como referencia las cuestiones analizadas en las sesiones. Por ello, resulta imposible plasmar, por ejemplo, la riqueza de las diferentes intervenciones y lo conversado en las cenas que seguían a las reuniones del seminario, además de lo elaborado textualmente. Por ello, considero que, para aproximarse a algunas de las ideas expuestas en las diversas sesiones, es mucho mejor acceder a la selección de algunas ponencias realizadas, y a las que se puede llegar a través de los enlaces correspondientes, porque de otra forma, pretendiendo sintetizar los contenidos desarrollados durante tanto tiempo, se traicionaría el espíritu que ha presidido el debate continuo y que, en el mejor de los casos, resultaría un resumen demasiado escolar, perdiéndose lo que -de suyo- escapa a esta exposición (sólo los diálogos de Platón son capaces de mostrar la articulación y la riqueza polémica del pensar a través e la escritura).
3.- CODA, A MODO DE HOMENAJE3.1.- Diálogo Ahora, y para que sirva de modesto homenaje a la palabra oral que ha presidido el espíritu de las sesiones, prefiero concluir este memorandum con la siguiente entrevista: Mª Victoria Gimbel.- Jorge, acabo de redactar un resumen del Seminario de Madrid para la web oficial de Eugenio Trías, donde voy a incluir este diálogo contigo, sobre todo porque, de alguna manera, tú fuiste el responsable de que se llevara a cabo. Por eso, creo, lo que nos gustaría saber a todos es, en primer lugar ¿cómo conociste a E.Trías? y en segundo lugar ¿qué te impulsó a traerlo a la asociación Cruce en 1999?. En relación a ello, y sabiendo de antemano que eso sería, a posteriori, lo más relevante, ¿por qué pensaste y decidiste que un seminario en Madrid podría resultar viable, sabiendo, además, que Trías vive en Barcelona? Jorge Alemán.- Conocí a Trías personalmente en 1974, en el barrio de La Boca, frontera inmigrante de la ciudad, en una mesa sobre psicoanálisis y literatura y en un momento en que Argentina ya empezaba a estar alcanzada por una encrucijada política feroz, lo que en aquel entonces se hubiera podido caracterizar como una situación revolucionaria ¡qué años!, ¡qué debate!, ¡qué Argentina!. La relación entre psicoanálisis y literatura comenzaba a constituirse como un vector clave de la cultura argentina contemporánea y ya en aquel entonces el nombre de Lacan atravesaba con fuerza la atmósfera de la época. Aún recuerdo el modo delicado con el que Trías se presentó en aquel debate diciendo que no era ni psicoanalista ni escritor, aclaración crucial en medio de aquellas “bandas” interpeladas por el significante lacaniano, el compromiso sartriano, el marxismo altusseriano y el relato del movimiento de emancipación. Debo decir con orgullo que entre esos grupos me vi crecer e ir al encuentro con Trías. Trías era otra cosa, era alguien de afuera que introducía una novedad en aquel ámbito; una formulación absolutamente contemporánea del pensamiento filosófico donde concurrían Heidegger, Lévi-Strauss y Lacan, con una reformulación de la tradición clásica. Esta combinación de rigor clásico y actualidad radical presentados en una escritura de estilo contundente y musical, era la diferencia que Trías encarnaba para nosotros en aquel Buenos Aires. Luego cuando en el 76 me exilié en Madrid y conocí la vida intelectual de Barcelona, su respiración laica, cosmopolita y contemporánea, especialmente en aquel entonces, donde era la ciudad abierta a España, pude entender mejor cuales eran las fuerzas que atravesaban a Trías en su quehacer filosófico, la dimensión fronteriza tan determinante de su propuesta; el hecho de que Trías estuviera siempre convocado por un “exterior” a la filosofía, como si la filosofía fuera la tierra donde se recibe el impacto de un meteorito extraño, un impacto que viene de otro lugar, sutil o terrible, bello o siniestro, sombrío o luminoso, y la “cópula atascada” entre estos lugares inconmensurables. Esta persistencia en Trías de un fundamento filosófico agujereado por un impacto que viene desde “fuera” pero que se vuelve lo mas íntimo del pensamiento. Esta decisión de Trías de hacer bascular la ontología hacia una topología de un “fundamento en falta”, esta decisión de transformar a la filosofía en una disciplina para alzarse y saber recibir el impacto de un dato prefilosófico y heterogéneo es lo que siempre me ha sobrecogido de su operación intelectual. Una filosofía vuelta escritura, alrededor de un dato inaugural prefilosófico, heterogéneo a toda conceptualización heredada, donde la variación, la metamorfosis, el nacimiento extraño, la pasión sagrada o una voz musical siempre retornan en la escena filosófica. Hay muchas lecturas de Trías y yo describo tan solo mi impresión; impresión no solo por su obra sino por su propio modo de ser, ya que he tenido el enorme privilegio de mantener un trato con él durante años. Intentar traerlo a Madrid era un deber de primer orden, una verdadera causa, que además albergaba un suplemento de goce: nos hacía felices el poder vernos y conversar una y otra vez sobre el sentido y el sinsentido de nuestra existencia arrojada al éxodo. Aprovechar la presencia de Trías en Madrid, fue cambiar el estilo de nuestro exilio en esta ciudad, no me refiero al exilio real de los argentinos como Larriera o yo mismo, sino al exilio nuestro, al tuyo y al de aquél, ése del que siempre hablaba Trías en referencia a lo constitutivo de nuestra existencia. Trías es el nombre de una conversación única sobre el estar en un éxodo singular. M.V.G.- Después de aclarar los motivos y reconociendo, por supuesto, que tu intuición o “corazonada” estuvo acertada, como así lo atestigua la permanencia del seminario hasta llegar al 2008, prefiero que dejemos de lado la cuestión personal e intentes concretar la siguiente pregunta ¿qué idea viste, en ese momento, en el pensamiento de Trías para que tu interés como escritor y psicoanalista lacaniano se cruzase con algo que todavía estaba en germen? me estoy refiriendo, claro, al concepto del límite (el cual aparecía sólo prefigurado en Los límites del mundo, pero, desde luego, sin desarrollar). J.A.- Lo sorprendente de Trías era que se trataba del único filósofo español que introducía en relación a su “razón fronteriza” una tesis sobre el sujeto. Nunca le bastó, como era habitual, en los ambientes postheideggerianos, derridianos o deleuzianos, todos empeñados en deshacerse cuanto antes de la espinosa cuestión del sujeto. Claro que nosotros, en tanto lacanianos, compartíamos con los amigos heideggerianos la deconstrucción del sujeto metafísico de raíz cartesiana, pero eso no era más que el comienzo del problema, el asunto era lo que restaba del sujeto cuando ya perdía sus atributos metafísicos y de qué manera era factible pensar en su singularidad de otra manera que cuando se la formula en términos de conciencia reflexiva y auto transparente en su afección. Para esta cuestión, la relación de Trías con Freud y la de nosotros con él fue esencial, pues en su filosofía del límite se puede encontrar una reescritura del sujeto; de un sujeto que adviene con el “fundamento en falta” y que, por ello, entra en el mundo como ser fronterizo, manteniéndose en una división inaugural, asimétrica e incurable, entre los dos cercos, unos donde las cosas aparecen y se nombran y otros, aquellos donde se sustraen y experimentan. Esta escisión del sujeto reformulada por Trías, cambia la filosofía en una de sus orientaciones esenciales: ni en la metafísica de la subjetividad ni tampoco en su sustitución por el devenir de lo múltiple, tratan del sujeto como mero efecto de un Límite en el que ése (S) se constituye. Esto fue, tal como tú lo evocas, el germen que nos permitió pensar en una posible expansión transversal de la filosofía del Límite hacia el psicoanálisis de orientación lacaniana. M.V.G.- Supongo que muchos están informados de que en el 2004 publicaste junto a Sergio Larriera en la editorial Síntesis el libro “Filosofía del límite e inconsciente, Conversación con Eugenio Trías” Al respecto, sería interesante que expusieras lo que consideras más relevante del mismo y también, si así lo crees oportuno, la, digamos, enseñanza, que se pueda extraer de esa relación intelectual, en principio, nada habitual entre los filósofos españoles que parecen haber ignorado o, cuando menos, no haber tenido -lo suficiente- en cuenta el psicoanálisis. J.A.- Esa fue una experiencia muy impresionante para Larriera y para mí. Estuvimos un fin de semana en su casa de la calle Balmes analizando, junto a él, una pesadilla infantil relatada en su autobiografía “El árbol de la vida”. A lo largo de la primera tarde la pesadilla fue adquiriendo un valor epistémico, se fue ensamblando, sin forzar nada con algunos de los elementos constitutivos de su propia filosofía. El elemento traumático de la pesadilla fue dando lugar a otra donación, un saber inconsciente e inesperado sobre los espacios y los lugares, donde la topografía de la ciudad constituía una verdadera prefiguración de la reforma topológica de la razón implícita en la filosofía del Límite. No creo que haya, sinceramente y con toda la humildad, ni que pueda ser posible en este caso, muchos libros que testimonien cómo un filósofo junto con dos psicoanalistas se exponen a hablar de la relación entre inconsciente y filosofía desde sus experiencias oníricas. Para Sergio y para mí, y en esto hablo por Sergio, fue uno de nuestros grandes momentos de la vida en España, y tal como tú lo señalas, existe en el final del libro un meditado razonamiento por parte de Trías de lo que sucedió entre España y el psicoanálisis.
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